Ecológica y ambientalmente, la región es altamente precaria: más del 60 por ciento es árida o semiárida y la mayoría de países experimentan precipitaciones irregulares y sequías frecuentes.
Tales condiciones conducen a menudo a la pérdida de cultivos, lo que trae hambre, desnutrición, inanición, migración masiva y, en muchos casos, muerte.
Prácticamente cada año la región sufre graves crisis de seguridad alimentaria, aunque las catastróficas hambrunas de Etiopía y Sudán –que motivaron grandes titulares a mediados de los años ochenta— aún no han vuelto a repetirse. Por ejemplo, en los últimos dos años (2007 – 2009), Kenia ha padecido una de las peores sequías de los últimos tiempos, dando lugar a disturbios y a una hambruna total.
Para predecir, vigilar y mitigar tales desastres, necesitamos datos rápidos y permanentes, y recopilar información. Pero los métodos convencionales no son eficaces para las grandes áreas afectadas, ni para la lucha por adaptarse al cambio climático.


